martes, 24 de diciembre de 2013

Para mis pacientes en las fiestas.

Hace diez años que me recibí de licenciado en psicología, y hace ya doce años que trabajo en esto que hoy hago con todo respeto y amor.
Trabajo con gente, con personas, con familias, con humanos. Personas que sufren, o que tienen complicaciones en su vida y necesitan reflexionar. Personas que no encuentran su rumbo. Personas que necesitan ampliar su gama de herramientas para actuar en la vida. Personas que buscan un lugar respetuoso para poder pensarse. Pero sobretodo trabajo conmigo; porque trabajar conmigo implica crecer y repensarse para dar otras miradas posibles, otras herramientas.

Rodolfo Falcón atendiendo a sus otras personalidades.

Dicen que el trabajo dignifica. Yo creo que el trabajo te cambia la vida. Uno cambia a partir del trabajo y el trabajo cambia a partir de uno, al menos en este trabajo que yo tengo.  Mi trabajo, mis pacientes fueron también mis maestros, aquellos que me hicieron repensar mi vida. A veces los demás consideran arduo este trabajo, pensando en que las malas energías, los malos estados van a contagiar, pero si bien algo de eso hay, también es cierto que los beneficios vienen por partida triple. Porque por un lado puedo vivir de mi trabajo, por otro aprendo y repienso mi vida a partir de ellos, y porque también siento que puedo dar una mano.

Pero de todas esas, el trabajo más gratificante es tener el registro de cómo esa persona que llega a la consulta, con sus dolores, sus imposibilidades y sus lamentaciones, crecen, maduran, reconocen y mejoran su vida.  El paciente viene con la intención de exponer su alma, obviamente, siempre habrá resistencias, y situaciones donde a pesar de buscar ayuda, necesitan resguardarse, conservar ciertos espacios y no cambiar ciertas cuestiones y ciertos mandatos. Pero expone lo que sí puede, y nos presta toda su confianza para que nosotros podamos funcionar de espejo; para que podamos funcionar de punto de inflexión y podamos mover su ángulo de visión. Y cuando sucede, nuevas cosas comienzan a suceder, nuevos aspectos de la realidad se revelan.  

Hoy, aprovechando la noche buena, y el fin de año quiero saludarlos a ustedes, agradecerles su confianza. Agradecerles que en algún momento hayan confiado en mí. A algunos les habrá ido mejor que a otros, eso es inevitable; pero ojalá a todos les haya servido venir.



Un saludo desde lo más profundo de mí. 
¡Feliz Navidad y que tengan un gran comienzo de año!

Lic. Rodolfo Falcón
Lic Rodolfo Falcon.  M.N. 40467

Mi nombre es Rodolfo Falcón, soy psicólogo y trabajo en capital federal, caballito. Administro de esta página web, así que espero que estés disfrutando tu estadía y que sigas visitando este portal asiduamente. Puedes visitar mi página de facebook, hacerte fan y tener una comunicación más fluida conmigo, haciéndome consultas, o puedes suscribirte por email para enterarte en tu casilla el resumen


jueves, 21 de noviembre de 2013

De la resignación a la aceptación.


resignación en el trabajo
¿Tengo que resignarme a esta vida, a este trabajo ingrato, a este sueldo? ¿Acaso no tengo derecho a soñar en grande?

Vivimos resignándonos, con todo aquello que no nos gusta de nuestras vidas. Miramos noticieros que nos muestran la triste realidad de lo que nos pasa como sociedad. Y a la vez en nuestras propias vidas tenemos un sin número de cosas que no logramos disfrutar. Nuestro trabajo, el viaje a casa, hacer las compras o la convivencia. Hasta el clima es fuente de malestares: “Con estos días es difícil sentirse bien!” me comentaba alguien el otro día.


Vivimos con la sensación de la resignación. Y la resignación, que según la RAE es tolerancia y paciencia a las adversidades, tiene un matiz muy negativo. En su concepción hay culpa, desdén, abandono. En parte implica abandonar un ideal, un objetivo. Implica una lucha interna con respecto a lo que uno quisiera y quedarse donde uno está de la manera que está. Entonces, en la medida en que refleja esa lucha, no se siente bien.
A veces para no sentir culpa, actuamos, hacemos algo; entonces buscamos un trabajo mejor remunerado, o nos tomamos el colectivo para no lidiar con el tránsito, nos ponemos los auriculares para escuchar música relajante o jugamos al Candy crush en el celular mientras esperamos en la cola del súper. Entonces sentimos que lidiamos con las irregularidades que el ambiente nos propone y que estamos haciendo algo para no sentirnos mal. Pero siempre presentamos una lucha. Una lucha externa, y una lucha interna. Una lucha externa que se manifiesta en la intención de cambiar, a como dé lugar, de situación, y una lucha interna que no termina de aceptar que yo estoy en la situación que estoy.

nena imaginando.Básicamente consiste en valorar más la idea de lo que sería mejor, que la visión de lo que tengo o es; consiste en mirar mi realidad desde la idea de lo que yo quisiera, desearía o pienso que tendría que ser y de esta manera catalogar negativamente el presente.
La resignación entonces, esa que nos acompaña a diario, es una cualidad desdeñable, negativa, austera. Es la imposibilidad de conectar sanamente con lo que tengo, y es el apego por aquello ideal, que me falta.

La aceptación es una cualidad completamente diferente. Principalmente porque expresa la voluntad hacia el presente de la manera que este es, propone la conexión con el ahora, con lo que está, con lo existente. Propone ver eso, y aceptar eso como lo mejor para este momento, lo mejor y lo único. Implica darle una importancia mayor que a cualquier otra opción ideal o imaginada. Implica un abandonar parcialmente ideales y proyecciones, fantasías o miedos. Implica una relajación en lo que está y un desapego por lo que falta.

Aceptar no es dejar o abandonar los objetivos; no es no tener una mirada a futuro y no es dejar de querer un futuro mejor. Es hacer que todo eso, ideal, tenga menos peso en mi configuración interna de la realidad actual.  Generalmente se cree que por querer algo distinto las cosas van a cambiar: Enfermo y entonces quiero no estar enfermo, y entonces rechazo mi enfermedad. Este mecanismo no sólo  no me permite comprender a la enfermedad como lo único, mejor y necesario de ese momento, sino que además, me genera la falsa ilusión de que deseando otra cosa voy a estar mejor. Pero las consecuencias de estar más apegado a mi deseo, más desconectado con mi realidad, no me permite poder conectar con ella y fluir. Sólo agradeciendo y estando en una completa paz con lo que tengo y lo que soy, voy a poder encaminarme hacia algo mejor. Y en esta idea, hasta el "secreto" acuerda.

gente mirando al futuro y al pasado.
Aceptar es dejar de pelearse con el pasado, con lo que no se obtuvo o lo que no me dieron. Con cómo me afectaron o con que no me quisieron y entender que todo eso estuvo bien en la medida que fue. Es entender que todo eso facilitó mucho de lo que soy y de lo que aprendí. Aceptación es la integración de mi pasado, y de mi presente, e incluso de mi futuro.  No tiene que ver con ninguna lucha, ni con un conflicto, y no tiene que ver con abandonar un ideal, porque el ideal está en un segundo plano, en el futuro. 

Por esto me gustaría terminar con la pregunta: ¿Qué no estás aceptando en este momento de tu realidad?
Si contestas esta pregunta, seguro estarás encontrando el motivo de tu sufrimiento.



Lic Rodolfo Falcon.  M.N. 40467

Lic. Rodolfo Falcón

Mi nombre es Rodolfo Falcón, soy psicólogo y trabajo en Capital Federal, Caballito. Administro esta página web, así que espero que estés disfrutando tu estadía y que sigas visitando este portal asiduamente. Podés visitar mi página de facebook, hacerte fan y tener una comunicación más fluida conmigo, haciéndome consultas, o podés suscribirte por email para enterarte en tu casilla, del resumen.


sábado, 21 de septiembre de 2013

La búsqueda de la paz

¿Qué es la paz?


Todos queremos paz. Pero... ¿qué es la paz? ¿por qué a pesar de tantos intentos, durante toda la existencia humana, no se ha logrado vivir en paz?

No estamos hablando sólo de las guerras que se produjeron durante algún momento de la historia en diferentes regiones del mundo, sino de la sensación de inseguridad y de conmoción interna que se vive en cada país del mundo, en cada cultura, en cada sociedad y también en cada uno de nosotros, con nuestros seres queridos, nuestras actividades y nuestros trabajos.

Vivimos en familia, y quisiéramos que haya paz entre nosotros, incluso en nuestro día a día, buscamos un momento de paz.
No es algo que atañe sólo a políticos o países, es algo que está presente en cada pequeño sector de nuestra humanidad.

La pretendemos, aún sin saber qué es.
[templos_orientais.jpg]Es y siempre ha sido un cliché, un destino, una idea, un objetivo que se ha perseguido de muchas formas. Las religiones pretenden que seamos buenos, y de esa forma haya paz. Hasta los Estados gubernamentales totalitarios buscaron con herramientas mucho más cuestionables y menos legitimadas, que ella se instale. Por coacción, o inducción, por influencia, o por indicación, siempre el objetivo fue el mismo. Siempre se ha repetido incesantemente que debería haber paz.


Cuando miramos una imagen de un templo alejado, cuando miramos a un buda, o cuando observamos el equilibrio de las rocas en un lago, relacionamos esa imagen con la paz. Con la paz interior, con el equilibrio. Pero ésta idea, ¿de dónde surge?
buda en pazLa buscamos como si fuera algo que se consigue a través de una disciplina o con ciertas leyes, que hay que ir a buscarla a algún lado en particular o comprarla en el supermercado, que se encuentra en la lejanía, o en el aislamiento. O bien por el contrario, creemos conseguirla luchando; luchando contra lo que nos la quita. Y entonces somos violentos con lo diferente, con lo que altera nuestra tranquilidad y nuestra seguridad; con los inmigrantes por ejemplo, o con los delincuentes, o con cualquier cosa que asumamos como peligrosa. Así, nuevamente, entramos en un conflicto. ¿Se puede conseguir la paz por medio de la lucha?; ¿Por medio de la búsqueda? ¿por medio de ciertas reglas morales?


Reflexión


La pregunta retumba en mi interior. ¿Dónde está? ¿dónde no está? ¿Acaso no hay paz cuando la acción humana está ausente? Cuando vemos a la naturaleza manifestarse, aún viendo animales comiéndose a otro animal, uno percibe algo diferente, uno ve que eso es lo que es, y no hay ahí falta de paz. Cuando vemos un árbol que permanece debajo de la lluvia torrencial, aún ahí, vemos una paz perfecta.

La falta de paz surge de nuestra propia mente, de nuestra propia confusión. De esa inseguridad interpretada por la mente y su consecuente necesidad de suprimirla. De la sensación de estar separado del resto, de ser entes individuales separados de todo lo demás, y de entender al otro como un peligro. De la mente que se mueve al futuro y al pasado; y de la intención de cada uno de nosotros de buscar su propia y personal seguridad.

confusión mentalLa falta de paz surge de nuestra mente anticipatoria, de nuestra ilusión de peligro. De nuestro propio ego, de la ambición, el orgullo, y la necesidad de amparo.

No es cuestión de ir a buscarla. Ni pensar en ella como algo a conseguir. No meditamos para encontrarla, ni creemos en dios para ser más buenos. Lo hacemos para encontrar en nuestro interior las respuestas, respuestas a mi ambición, a mi necesidad de seguridad, a mi falta de compasión. Es preciso entender el funcionamiento de nuestro propio ego, para comprender que la paz no es algo que se encuentra, o se logra; es algo que está por detrás del movimiento de nuestra mente.



Lic Rodolfo Falcon.  M.N. 40467

Lic. Rodolfo Falcón
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lunes, 2 de septiembre de 2013

El sentido de la vida.


40 años de redundancia.


La única razón por la cual nosotros seguimos vivos, al igual que otras millones de especies, es porque la naturaleza encontró la manera de reproducirse. Y para ello no hace falta inteligencia.
Todas las especies tienen un sistema de reproducción que permite su perpetuación.
En este marco, ¿Cuál es el sentido de la vida?
El paso evolutivo anterior al hombre tal cual lo conocemos hoy, no vivía en promedio, más de cuarenta años. Lo que se esperaba de él era que en ese período de tiempo lograra tener alguna descendencia, en realidad más de una, porque las dificultades de que esa cría tuviera éxito y viviera era mucho menor que ahora.
Por lo tanto su vida consistía básicamente en eso, a los cuarenta ya era un anciano esperando la muerte. A los veinte ya era padre o procuraba serlo cuanto antes.
Hoy en día tenemos cuarenta años más de esperanza de vida... cuarenta años de redundancia. A los cuarenta estamos en la mitad de la vida y a no ser que hayamos elegido muy bien podemos estar atravesando uno de los momentos más difíciles. La crisis de los cuarenta, la menopausia, la andropausia, y otras tantas definiciones que pululan por ahí y hacen referencia a este período vital, sólo marcan el punto de inflexión que genera. La mujer va, paulatinamente, perdiendo la posibilidad de la descendencia y si bien el hombre se mantiene con las posibilidades, hay fuertes transformaciones internas.

El sentido de la vida.


Podría decirse que hoy en día se extiende un poco más este período reproductivo. Al menos en las grandes ciudades, hay una tendencia a tener hijos de más grandes, tal vez a los 30 o 35 de la mujer, lo que lleva a pensar que esta misma crisis puede avecinarse a los cincuenta años.
Pero ¿qué pasa cuando el sentido de la vida ya no está "determinado" (de hecho nunca lo está) por la condición biológica?; '.¿Cuál es el sentido de la vida?

Bueno, a mi manera de ver y a riesgo de equivocarme, puedo decir que no lo hay. No hay tal cosa como un SENTIDO de la vida. No existe, no lo busques, no está, no lo vas a encontrar.
El sentido es un INVENTO humano, es una invención del pensamiento, es un efecto de nuestro cerebro, el cual está acostumbrado a buscar redundancias, repeticiones, y a partir de ellas, inventar sentidos para cada cosa.
¿Cuál es el sentido de un árbol? ¿Qué piensa el perro sobre el sentido de correr por el parque?. Bueno, la verdad es esa, no lo hay. Nosotros buscamos o mejor dicho, inventamos un sentido. Entonces decimos que vivimos para purificarnos, o vivimos para ser felices, o vivimos para purgar pecados de vidas pasadas.
Tal vez así sea, pero por lo que a mi respecta, no veo un sentido con más poder que otro.
Pero sí tenemos predisponentes biológicos que nos influyen para tomar determinadas decisiones. Somos seres biologicamente gregarios, y esto quiere decir que buscamos pertenecer a un grupo, a un clan, a una familia, etc. Somos seres con un cerebro cuya función (entre otras) es la de atribuir sentidos y esto quiere decir que entendemos porque se dan ciertas repeticiones y explicamos el mundo que nos rodea. Somos seres de la naturaleza y esto nos predispone a la perpetuación, al sexo, a la descendencia.
Un predisponente no es una determinación y mucho menos un generador de sentidos.

Hay un aliciente de la búsqueda de sentido cuando repetimos lo pautado, tenemos una familia, nos casamos, tenemos hijos, los criamos, tenemos plata porque trabajamos... Pero qué pasa cuando esto ya no es necesario, cuando no hay familia, ni casamiento, ni hijos y tampoco un interés real por e dinero. Ahí es dónde empieza a pesar la falta de sentido.

El sentido es el que vos elijas.


Pensalo un momento. La decisión es tuya. Cuando te das cuenta que no hay ataduras, que no debés nada a nadie, que si abandonas los miedos estás libre, entonces sabés que la vida puede tener el sentido que vos elijas y esa es una decisión ética. ¿Qué preferís? ¿Con qué fluís? ¿Qué te hace vibrar desde las entrañas?
Cuando encontrás esas respuestas, entonces conectas con algo, ligas con algo mucho más profundo que el sentido mismo. No ya con el sentido biológico, sino con el propio.

Entonces podríamos enumerar tres estados claramente diferenciados:

Uno es el avistamiento del sin sentido, acompañado de angustias, miedos, dolor, tristeza, y la lucha interna por aceptar lo que es. Este es el dolor del depresivo, quien frente al vacío ve tristeza y angustia. O el miedo del temeroso que no avanza. Es el trabajo del obsesivo por distraerse. Es la mala relación con la soledad.

El siguiente es el sentido que yo elijo que tenga, si es que el sentido se lo da mi trabajo, o mi relación de pareja, o mi disciplina artística, o el ser feliz; Muchas veces esto no es algo consciente, sino que es espontáneo, me encuentro feliz y fluyo con lo que hago, con lo que es mi vida. Entonces esa atribución de sentido se dio sola, porque hay algo que se conecta, en mi alma.

Por último el tercer estado es cuando uno ya está más allá del sentido, más allá de la comprensión. Es la iluminación. Es la conexión con el todo. Es el despertar de la consciencia. Es la búsqueda de cualquier religión. Es la trascendencia misma. De este, de este mucho no puedo decir.



Lic Rodolfo Falcon.  M.N. 40467




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sábado, 17 de agosto de 2013

La terapia no es para locos.



Últimamente han llegado a mi consulta varias personas que me cuentan que siempre vieron a la psicología de lejos. Que la terapia no era algo en lo que ellos confiaban y que, de alguna manera, les parecía una disciplina inútil, o, en todo caso, para patologías graves y diferentes, como la psicosis, o los trastornos muy evidentes de la personalidad.

Paradojicamente con esas personas generalmente se genera un muy buen vínculo y tienen una buena predisposición a trabajar con ellos mismos.
Tal vez tenga que ver con una identificación, ya que yo soy un poco "antiterapia", o al menos, no termino de ser partidario del "Todos deberían hacer terapia".
Mi idea es que para llegar a una terapia, uno tiene que haber intentado mucho, y tiene que haber no conseguido lo suficiente, te tiene que molestar visceralmente.. Obviamente, no puedo decidir quién sí y quién no, porque eso sería arrogancia, pero en mi fuero interno, en lo profundo de mi, considero la terapia como un espacio de verdadera búsqueda interna, de un profundo intento de re conexión, un lugar donde uno viene a trabajar con su sufrimiento.

Básicamente un psicólogo es una persona que trabaja con el sufrimiento, no con el dolor físico, sino con el sufrimiento psicológico, o espiritual que una persona pueda llegar a tener. Trabajar con el sufrimiento es una puerta, una posibilidad y el terapeuta puede tomar un lugar pseudo arrogante, en donde se sitúa como salvador, o puede tomar un lugar empático. Resonar con la persona, para poder comprender su dolor, y a la vez poder tomar distancia para poder operar con ese dolor. Es un honor y un arte, porque el avance debe ser con el cuidado suficiente para no generar más dolor.
Ver que una persona empieza a tener una actitud diferente en su vida y que uno tuvo algo que ver en  eso es algo que le da sentido a la labor, además de que hace sentir muy bien (más allá de la intención de ciertas tendencias de la psicología a que el terapeuta se transforme en un ente indolente). De la misma manera que a veces es un poco frustrante el ver que la situación no avanza hacia ningún lado. En estas situaciones es, por un lado, donde más se aprende, pero por otro, es el momento indicado para pensar que la otra persona está haciendo, también, lo que ella se permite hacer y a veces, ese pequeño paso (para nosotros) es para ella el paso necesario, el suficiente.

La terapia no es la solución a todo, ni tampoco la única opción. Es un espacio para los que se comprometen con su destino, los que sí buscan modificar algo.
Mi idea no es motivarte a que hagas terapia, mi idea es motivarte a que realmente quieras cambiar algo en tu vida. Si ese es el caso, entonces la terapia es una de las opciones más interesantes. No es para locos, no es para desesperados, es, simplemente para el que intenta hacer algo con su sufrimiento, para el que reconoce que estar bien es SU responsabilidad.




Lic Rodolfo Falcon.  M.N. 40467

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